EN LA NOSTALGIA DE MIS BRAZOS

Recuerdos de una vida truncada por las decisiones

Recuerdo de un amor idìlico y platònico

Reencuentro con un sueño olvidado cubierto de alimañas en un rincòn de mi corazòn.

Recuerdo de una infancia llena de sonrisas,

Aprendizajes,cuentos...Inocencia

Aciertos y errores que hoy me engrandecen

Amores fugaces,amores pasionales,

Amor inolvidable.

Sueños perdidos en tus ojos

Historias inconclusas

Caricias sin dueño;besos en el aire...miradas perdidas

Un sin fin de razones para no olvidar tu compañia

Un sin fin de excusas para alejarte

Y en la nostalgia en mis brazos

un sueño compartido

reencontrarnos,para ganarle en una caricia,

la batalla al tiempo

POR GABRIELA E. GUEVARA.

lunes, 2 de mayo de 2011

DEVELARTE

Hundida en un inmenso mundo gris al que me empujaste con total desprecio hundida en la ambigüedad de tus sentimientos y lo volátil de tu esencia.
Explicando lo que para muchos es irracional y para mi tan sencillo pues mis ojos y mis razones son tan simples y francas como tu esencia.
Victimas de prejuicios totalmente ajenos y fríos que se dedican a ver segundas intenciones donde hay total transparencia y como juzgarlos? si mi ser no conoce de tal pecado.
Incluida en una batalla de la que no estaba notificada peleando con mis únicas armas fieles que durante años supieron acompañarme y mostrarme mi camino: la verdad de mis palabras y la sinceridad de mi mirada transparente.
La fortaleza de mi alma es la que siempre me sostiene y me levanta luego de cada caída pero tu hoy osaste clavar tu estaca en mi espalda y no contento con el dolor que me causaste esperas mi muerte, extraño ser en que te transformaste o extraño ser el que estoy develando ajeno a lo que conocí dueño de la frialdad y el abandono.
Sintiéndome victima de un engaño al que accedí con la inocencia que me provocó mi confianza en tu persona hoy caigo desvanecida por tu herida traicionera pero de la que sé, renaceré, porque mi destino fue ,es y será develar las falsas personas que van por el mundo seduciendo y pisoteando corazones.
POR GABRIELA E. GUEVARA

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